En 1989 Sauber‑Mercedes selecciona a tres jóvenes pilotos para su equipo junior en el World Sportscar Championship: Michael Schumacher, Heinz‑Harald Frentzen y Karl Wendlinger. Uno se convertiría en siete veces campeón mundial de F1, otro en vencedor múltiple de Grandes Premios. El tercero sobrevive por un pelo al año más negro de la Fórmula 1, pero su sueño se quiebra en ciernes.
Nouvelle Chicane, Mónaco. 12 de mayo de 1994. A 177 kilómetros por hora Karl Wendlinger impacta de lado contra la protección. Su Sauber queda hecho un amasijo sobre el asfalto. Menos de dos semanas antes habían perdido la vida Ayrton Senna y Roland Ratzenberger en Imola. Ahora Wendlinger yace inmóvil en el cockpit. El mundo de la F1 contiene la respiración: por favor, no otra vez…
El joven austriaco sobrevive al golpe, pero permanece diecinueve días en coma. Milagrosamente, ese mismo año vuelve a subirse al Sauber de F1, pero arrastra secuelas demasiado fuertes del accidente. Tras un par de intentos desesperados, su capítulo en la categoría reina del automovilismo se cierra. «Cuando mi carrera en la F1 terminó, tuve que aceptarlo. Nunca me pregunté: ‘¿y si?’. Porque no sé qué habría pasado si hubiese podido seguir en la F1.»
Aunque en aquel entonces a menudo era el piloto más rápido del equipo junior de Sauber en el Group C, no le resulta difícil aceptar que sus compañeros cosecharan más éxitos en la Fórmula 1 que él. «Por suerte nunca miré sus carreras con envidia. Me alegré de verdad por sus éxitos y me gustaba verlos. No esperaba, por cierto, que Michael llegara a ser tan exitoso en la F1, pero eso no se puede predecir. Ya desde el principio en el Group C supe que era muy competitivo y profesional. Pensaba en todo y ya trabajaba su preparación física y mental. Me impresionaba cómo se las arreglaba para seguir dando pasos adelante.»







