No todos los Max Verstappen son iguales. En el mundo de la Fórmula 1 lleva años marcando la pauta, pero en el teatro hace lo propio. Como creador y titiritero, “el otro” Max Verstappen lleva cincuenta años manejando los hilos. Literalmente. “Un sueño de niño se ha cumplido.”
Le ha pasado a más de uno. El visitante que, en busca de merchandising de Fórmula 1, aterriza en la web maxverstappen.nl se lleva una sorpresa. No hay gorras ni camisetas de Max Verstappen ni de Red Bull Racing; hay en cambio una amplia galería de marionetas de lo más variado. Manos, gatos y elefantes; hasta la reina Máxima y Geert Wilders. Sí, de verdad.
En el circuito íntimo de los titiriteros, Max Verstappen disfruta de una reputación forjada con cuidado a lo largo de los años. Fuera de ese mundillo es menos conocido, pero su nombre juega a su favor, gracias al otro Max Verstappen, que en fama y notoriedad ya lo ha superado con creces.
Al inicio de la carrera del Verstappen piloto, al titiritero le costó acostumbrarse a tener que compartir nombre. “Al principio no me gustó, sentía que me habían arrebatado el nombre. Pero esa sensación ya se ha ido por completo y ahora incluso le encuentro un valor añadido. Siempre les digo a las personas: Yo fui el primer Max Verstappen.”
‘El hielo se rompió al instante’
Y también suele aprovechar las ventajas de un nombre conocido. “Cuando, por ejemplo, voy a una institución oficial y hago un chiste al respecto, el hielo se rompe al instante.”
Los dos Max Verstappen aún no se han conocido en persona. Aun así, saben de la existencia mutua. “Una vez recibí un like de Max Verstappen en mi página de Facebook. Así que aparentemente me conoce. Al menos eso creo. No puedo comprobar si lo hizo él personalmente o alguien de su equipo de relaciones públicas, pero me hizo ilusión.”







