Bruce McLaren: Legado Neozelandés en la F1

25 de enero 2026, 08:00
Bruce McLaren: Legado Neozelands en la F1
Formule1.nl

Hace sesenta años McLaren debutó como equipo de F1. Ha conocido cumbres y abismos, cambios de poder, alegrías y tristezas.

No hay presente sin pasado. Así que, para poner en contexto el éxito actual de McLaren —y el de algunas décadas atrás— conviene echar un vistazo a la historia. Y hay un nombre que no puede faltar: Bruce McLaren. Porque aunque hoy se hable de un equipo “inglés”, las raíces, gracias a su fundador, están claramente en Nueva Zelanda.

Volvemos a 1937. Nace Bruce McLaren. Según la tradición, creció con una salud frágil y una curiosidad insaciable. Una malformación congénita de cadera lo mantuvo largo tiempo postrado en cama. Durante ese periodo poco pudo hacer aparte de leer, dibujar y soñar. Pero, como se comprobó después, fue precisamente esa limitación la que despertó en el pequeño Bruce el afán por entender cómo funcionan las cosas. Su interés por la técnica se disparó.

Que se dedicara al diseño es una cosa. Que además se convirtiera en piloto, otra bien distinta. Bruce McLaren demostró habilidad en ambas facetas; muchos en aquella época lo describían como un ingeniero que además sabía ir rápido. Eso le abrió una carrera en Europa. Con Cooper, y con 22 años, en 1959 se convirtió en en ese momento en el ganador de Gran Premio más joven de la historia.

Fue un récord que perduró décadas. Pero más importante que esa primera victoria fue lo que ya se comentaba de él en el paddock: que escuchaba, que preguntaba, y que por la noche seguía trabajando en los coches mientras otros ya estaban cenando. Bruce McLaren no solo pilotaba coches; estaba obsesionado con ellos.

Su propio equipo

No es de extrañar, por tanto, que en 1963 decidiera fundar su propio equipo de carreras. No por idealismo, contaría años después. Sino porque, con su pericia técnica, pensaba que todo podía hacerse mucho mejor de lo que él, como piloto, experimentaba. Más ligero. Más inteligente. Más pensado. Su recién creado equipo era al principio pequeño y con recursos limitados, pero la visión era grande y clara: que la técnica y la gente podían potenciarse mutuamente.

McLaren empieza entonces a destacar en el campeonato canadiense-estadounidense de sportscars, más conocido como Can-Am. El bólido McLaren resultó rapidísimo, casi intimidatoriamente dominante. Un monstruo vestido de naranja, ahí está el vínculo con la ‘papaya’ de hoy. Los rivales elogian a McLaren por la precisión y el arrojo. Pero el gran artífice del éxito, el propio Bruce McLaren, según quienes le conocieron, no cambió: tranquilo, accesible, curioso. Le gusta ganar, desde luego.

Al mismo tiempo llega la primera participación en un Gran Premio de Fórmula 1 en 1966, hace por tanto sesenta años. McLaren no pudo disfrutar mucho de la máxima categoría: el 2 de junio de 1970 el neozelandés sufrió un accidente mortal en el circuito de Goodwood. Bruce McLaren tenía solo 32 años. Nunca pudo imaginar la magnitud del legado del equipo que dejaba atrás.

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